Tiene el gatito un ojo malogrado y el corazón sumido en eI misterio. Pasea de la casa al cementerio con su paso felino y descuidado. Va a lamerse la pata y el costado sobre la cruz de un viejo bautisterio, que, en el patio de un triste monasterio atrapa toda lluvia del pasado. Creo que tiene un pacto con la Luna este gatito negro que me mira desde lo alto de la cruz durmiente. Yo lo miro mirarme y en la runa del ojo del vacío está la pira de fuegos de la lluvia de la fuente.