(Verso 1) Nos vimos en un andén de un tren que ya partió, tú con un billete en mano y yo con un reloj que se paró. El tiempo, un coleccionista de amores sin rumbo, nos puso en la misma historia, pero en un tiempo difunto. Tus ojos, la alarma de un amanecer que no alumbró, los míos, un faro ciego que a su mar ya perdió. (Coro) Y el eco de tus besos se quedó en otro cuarto, yo camino en reversa para verte en tu retrato. Tus manos tocan sombras de una canción que escribí, pero ya no hay cuaderno ni forma de seguir. Somos dos fantasmas que se miran en espejos rotos, dos puntos cardinales sin mapa, perdidos entre nosotros. (Verso 2) Tu sonrisa, el eco de una puerta que ya se cerró, la mía, un grito ahogado en un disco que se rayó. Intentamos armar el mapa de un país que no existe, con coordenadas de un sueño que nadie predice. El reloj en la pared nos mira con sus ojos rotos, y la luna se esconde en el techo para no vernos solos. (Coro) Y el eco de tus besos se quedó en otro cuarto, yo camino en reversa para verte en tu retrato. Tus manos tocan sombras de una canción que escribí, pero ya no hay cuaderno ni forma de seguir. Somos dos fantasmas que se miran en espejos rotos, dos puntos cardinales sin mapa, perdidos entre nosotros. (Puente) Tal vez es la luz del pasado que no nos deja ver, o el polvo de las horas que no nos deja saber. En este laberinto que hicimos sin querer, solo te busco entre las sombras que me dejas ver. A veces creo que te encuentro en un reflejo, y luego me doy cuenta que es el vidrio el que está lejos. (Final) Y así nos quedamos, como ecos en la niebla, un amor que llegó tarde, una historia sin plegaria. Las manecillas del destino no quisieron esperar, y nuestro encuentro se desvanece... como arena en el mar... (Música desvaneciéndose lentamente)