Cuando salió del autobús, se vino directo a mí, con ojos llenos de preguntas, no sabía qué decir. De camino a la guardia, busqué mi vieja radio, puse las chicas de la inter, luego a la SER, un golpe de estado en mi país, no me lo podía creer. Las órdenes volaban, todo era silencio, la radio nuestra compañía en esa noche de incertidumbre, la voz firme hablaba, la esperanza susurraba, soldados dudaban, Madrid en alerta. No me lo puedo creer, la SER seguía su historia, las dudas llenaban el aire, en nuestra memoria, pero al menos las chicas de la inter me esperaban, en esa vigilia, sus voces me acompañaban. La noche se hacía eterna, deseando el amanecer, la democracia pendiente de un delicado hilo, luchando por la paz, rezábamos lo imposible, y aunque esa noche fue oscura, la libertad brilló al final.