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Un tren llamado vida

V6

Ya atardece tu piel de niña, como a la uva el sol de agosto, curten tu rostro el cierzo y el árido beso de la escarcha. Tu párvula voz se serena, modula cabales las palabras, y rebelde, a veces cruel, nos responde solo tu silencio. Tu mirar de tierra se afirma, resiste la ofensiva de otros ojos, o se aflige vulnerable ante el reflejo salino de unas lágrimas. El calendario impaciente deshoja tu inocencia, reforma tus diabluras y te acerca a ese andén del que parten los raíles de la vida que te han de llevar hacia tus metas: algunas, de quimeras disfrazadas se irán fundiendo en el ocaso; otras, como anhelados sueños, si no flaquea tu caminar, esperarán en tu horizonte hasta que puedas alcanzarlas. No desesperes, date tiempo… No ansíes ser mayor, el tiempo repartido sabiamente asigna a cada edad su medida, y el futuro nunca inquieta si el vagón circula siempre firme en los raíles del presente. Pronto te abrirá sus puertas un tren inexcusable en la terminal de las dudas: ten a mano el billete y sube a él con decisión, con valentía... No arrastres cargas inútiles, alivia tu equipaje, y no te rindas a tus miedos: oscuros polizones que ocuparán los ocultos rincones de tu mochila. Evita los vagones grises, ahí viajan las vanas profecías, las falsas creencias, el verbo falaz de las ideologías: divagan en la noche de los túneles, como rancias utopías, doctrinas que transforman el espíritu en desierto, dunas de vanidad por las que medra el ego y reptan la traición, la hipocresía… Perdona siempre las ofensas, aprende a esquivar sus filos, evita el plomo del rencor y el odio, son duras cargas, lastres del camino. Deja a un lado la ambición: en ella crees sentir la vida, a morir en vida te condena. No desesperes, date tiempo… No ansies ser mayor, el tiempo repartido sabiamente asigna a cada edad su medida, y el futuro nunca inquieta si el vagón circula siempre firme en los raíles del presente. Aunque en soledad viajes, aunque escaseen las riquezas o tus ojos se impregnen de la sal que empapa el mármol del recuerdo. Siempre habrá alguien que comparta junto a tu asiento su vivencia, su sonrisa. Recibe amable, conversa sincera… Y confía, sobre todo, confía en ti mismo dando ejemplo. Disfruta del paisaje, día tras día, rodeate de amigos, de aventuras, es la hora de crecer y de formarse, divertirse sanamente, sin excesos, y vivir en libertad, ese es el premio, y tienes que saber conquistarlo, y tienes que saber agradecerlo. No desesperes, date tiempo… Que el futuro nunca inquieta si el vagón circula siempre firme en los raíles del presente. Y así, cuando llegues al andén definitivo, final de todos los trayectos, colmada la maleta de experiencias, henchido el corazón de orgullo, verás con gratitud que habrás gozado si en esa cierta y última parada, rodeada de amor, la paz al fin te duerma. No desesperes, date tiempo… Que el futuro nunca inquieta si el vagón circula siempre firme en los raíles del presente.