Guardo mis manos en los bolsillos y me doy cuenta de que no hay nada, solo el deseo de darlo todo con la mirada desenredada. Si el egoísmo llama a mi puerta le digo que hoy me mudé de casa, que los tesoros que yo buscaba son solo viento que nos abraza. Para escuchar la voz del que viene hay que soltar la propia razón, dejar que el otro plante su duda justo en el centro del corazón. Cortar los lazos, soltar amarras, amar a todos sin poseer, volar muy alto sin equipaje para aprender a querer. Un corazón que no tiene dueño es una puerta de par en par, romper los nudos que nos anclan, ser libres, libres para amar. No quiero hacerte mi prisionero, el buen cariño no tiene rejas. Te quiero libre, te quiero al vuelo, dejando ir las costumbres viejas. Mi voluntad la dejo dormida para que hable la voz de Dios, sabiendo bien que en esta vida lo que se guarda, pierde su voz. Soltar las riendas, ceder el paso, hacer del mundo un balcón de luz, amar de frente, sin dar rechazo, borrando el ego y su esclavitud. Cortar los lazos, soltar amarras, amar a todos sin poseer, volar muy alto sin equipaje para aprender a querer. Un corazón que no tiene dueño es una puerta de par en par, romper los nudos que nos anclan, ser libres, libres para amar. Más allá de las cosas que tocamos, por encima del oro y del metal, hay un amor que vuela sobre el mundo buscando siempre lo celestial. Cortar los lazos, soltar amarras, amar a todos sin poseer, volar muy alto sin equipaje para aprender a querer. Un corazón que no tiene dueño es una puerta de par en par, romper los nudos que nos anclan, ser libres, libres para amar.