Patagonia Salvaje En Torres del Paine, un brujo me invitó, A subir el cerro que un día recorrió. Con su ropa de gaucho y su caballo fiel, Quería revivir lo que el viento se llevó. Amaneció perfecto, los caballos alistados, Mi amada Carla vino a darnos su cuidado. Con un beso y abrazo pidió con devoción: “Fusil, cuida a mi amor en esta expedición”. Un brujo y dos caballos volaron hasta el cerro, Persiguiendo recuerdos, cumpliendo sus sueños. Desde lo alto, la vida parecía un misterio, Y la nobleza brillaba en cada paso sincero. Entre bosques de lenga avanzamos sin hablar, Dos soñadores dejando el miedo atrás. El viento soplaba, pero nos protegía, La calma del viaje, pura melodía. Cuatro horas después llegamos a la cima, El paisaje inmenso nos envolvía en su rima. Yo tomé pocas fotos, las justas y necesarias, Cada imagen guardaba historias extraordinarias. Brujo cuidaba a Fusil y a Chuleta con esmero, Descansábamos a pie, avanzando con esmero. Cada paso era un acto de respeto y de amor, Nobleza y gratitud nos guiaban al interior. Un brujo y dos caballos volaron hasta el cerro, Persiguiendo recuerdos, cumpliendo sus sueños. Desde lo alto, la vida parecía un misterio, Y la nobleza brillaba en cada paso sincero. Primera vez en el lomo de un caballo a gran escala, Confié en Brujo y su sabiduría ancestral. Una hazaña vivida, un viaje inolvidable, En la nobleza del camino, encontré mi señal.