
Somos la fractura en el cristal del tiempo, partículas chocando en un abismo sin fin. El cuerpo, cripta de fantasmas eléctricos, memorias sangrando en mareas iónicas. Oscuridad en la cueva del cerebelo, sombras de ley primal, bailamos ciegos, reflejos fracturados en la mandíbula del vortex. No hay salvación, solo el frío abrazo del ser y no ser, descendemos en espiral hacia espejos infinitos, donde el yo se disuelve en hambre cósmica. Somos cazador y cazado, grabados en huesos de inevitabilidad. En el silencio sináptico, el universo zumba — escuchamos rotos.

