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Anuncia-te el ESPEJITO MÁGICO

V6-MINI

INTRODUCCIÓN — HABLADA, CASI EN UN SUSURRO No sabes lo que hago… No sabes lo que ofrezco… Ni siquiera sabes que existo. Pero no te preocupes… Cuando me necesites, espero que te acuerdes de mí. O que se acuerde la máquina. Esa máquina maravillosa… que todo lo sabe, que todo lo piensa, que todo lo encuentra… menos a quien no conoce. Y entonces me miro al espejo y le pregunto: Espejito, espejito mágico… ¿quién es el más bonito? Y el espejo me responde: «Tú, por supuesto». Y yo me lo creo. ¡Claro que me lo creo! Si hasta las máquinas me dan la razón… ¿Cómo voy a desconfiar? VERSO 1 — GUITARRA Y PIANO, VOZ QUEBRADA He levantado con mis manos una casa sin ventanas, he encendido una luz pequeña en mitad de la nada. He dejado allí mi nombre, lo que soy, lo que sé hacer, por si un día alguien me busca, por si me necesita alguna vez. Pero el mundo va deprisa, nadie mira alrededor, todos preguntan a la máquina y la máquina… ¿sabe quién soy? No conoce mis desvelos, ni las noches que perdí, ni el trabajo que hay detrás de este trozo de mí. PREESTRIBILLO — ENTRAN LAS CUERDAS Y me dicen: «Ten paciencia, que la inteligencia lo verá. Si la gente busca algo, ya sabrá dónde mirar». Pero dime, compañero, si no saben que estoy aquí… ¿qué milagro necesito para que hablen de mí? ESTRIBILLO — EXPLOSIÓN ÉPICA, BATERÍA Y COROS ¡Espejito, espejito, dime quién me encontrará! Si no sabes que yo existo, ¿cómo me vas a señalar? ¡Algoritmo, compañero, no te pido caridad! Solo quiero que me encuentren cuando me necesiten de verdad. Y gracias por no incluirme, por dejarme fuera del edén, por vendernos los milagros que no sabemos cómo hacer. Yo seguiré contra el viento, aunque no pueda vencer… ¡Que nadie diga que estuve sin siquiera aparecer! VERSO 2 — BAJA LA INTENSIDAD; SARCASMO AMARGO Gracias, IA, por tus respuestas, por tu infinita bondad, por pensar tanto en nosotros, por saber qué hay que comprar. Gracias por tus ecuaciones, por tu ciencia celestial, por mostrarme lo que busco… aunque no me puedas encontrar. Qué bonita es la promesa, qué sencillo es el hechizo: tú pregunta lo que quieras, que ya pensamos nosotros. Y nosotros, tan ingenuos, confiando en el oráculo, sin saber que hasta los dioses necesitan un catálogo. Porque puedes ser muy listo, puedes aprender de todo, pero si no tienes mi nombre, ¿cómo vas a saber quién soy? INTERLUDIO — HABLADO SOBRE PULSO DE TAMBOR Y aquí estoy… Con mi pequeño proyecto. Sin ejércitos. Sin padrinos. Sin pretender ser más listo que nadie. Solo intentando que exista un lugar donde el que sabe hacer algo pueda decirle al mundo: «Oye, que yo también estoy aquí». Y me llaman Quijote. Quizá tengan razón. Pero los molinos… los molinos también dan vueltas cuando sopla el viento. Y yo todavía estoy esperando que alguien se pregunte quién lo está haciendo girar. VERSO 3 — CRECIMIENTO, GUITARRAS Y CUERDAS No pretendo cambiar el mundo, ni dictar cómo ha de ser. Solo quiero que el pequeño tenga una oportunidad también. Que el oficio no se pierda, que se escuche al que hace bien, que no todo lo decida quien más sabe aparecer. Que una idea tenga espacio, que un negocio pueda andar, que no haga falta ser gigante para que te puedan encontrar. Y si un día todo esto sirve a alguien para vivir, habrá merecido la pena cada golpe que recibí. PUENTE — VOZ AL LÍMITE, CASI UN QUEJÍO ¡Ay, espejito de cristal! ¡Ay, promesas de metal! Tanto cálculo en el cielo y tan poco mirar abajo, donde el hombre, con sus manos, sigue buscando su lugar. No me debes una respuesta, no te vengo a suplicar. Solo quiero que recuerdes: **nadie puede ser encontrado si no le dejan asomar.** Y si pierdo esta batalla, que no me tengan que explicar que el futuro estaba escrito y no había nada que cambiar. ESTRIBILLO FINAL — COROS, ORQUESTA COMPLETA Y VOZ ROTA ¡Espejito, espejito, dime quién me encontrará! No me digas que soy guapo, no me vengas a halagar. No me cuentes maravillas, no me vendas la verdad que me gusta oír de mí si no me vas a mostrar. Yo no quiero ser el dueño de este mundo digital. Solo quiero que haya sitio para el que no tiene un gran escaparate, para el que trabaja en silencio, para el que sabe hacer… y todavía no lo sabe nadie. Y aunque sople fuerte el viento, aunque me toque perder, mientras quede una persona que me quiera conocer… ¡Seguiré dejando huellas! ¡Seguiré diciendo aquí estoy! Que no hay algoritmo en el mundo que pueda inventar lo que soy. CODA — TODO SE APAGA; QUEDA UNA GUITARRA Y mañana… si alguien pregunta por mí, no le digas que soy el más bonito. No le digas que soy el mejor. Dile solamente… que estuve aquí. Que tenía algo que ofrecer. Que dejé una puerta abierta por si alguien me quería conocer. Y que, por si acaso… lo dejé escrito en Anuncia-te. Silencio. Porque no se trata de que la máquina me diga quién soy. Se trata de que, cuando alguien me necesite, sepa que existo.