
En realidad no hay distancia. El hecho de que nos desgarramos la carne, es solo apariencia. El hecho de que arrojo a tu cabeza los pesados objetos que cargo conmigo desde más allá del espacio-tiempo, y me asusta la estética y la realidad de las heridas infligidas en tu rostro, es solo apariencia. El hecho de que me persigues gritando fuera de tu mundo y reclamas tu piel, con la que me cubría cuando tenía frío, y reclamas tus cabellos, con los que hice un nido para mi desamparo, cuando me sentía extraño, es solo apariencia. No mires a mis ojos, no tengo ojos, eso es solo la apariencia. No mires con tu mirada, no tienes mirada, eso es solo la apariencia. No tú-yo, eso es solo el juego. Imagínate en un hermoso claro. Bajo un hermoso árbol antiguo atemporal. Allí yaces, con tu espalda en el verde vivo. Sobre ti el azul es muy azul, lo grande muy grande, el cielo es una mancha infinita de yo. En tu conciencia comienza inmóvil un caracol gigante, la Tierra gira, los días y las noches se detienen, lo profundo es profundo, el silencio silencio, el caracol caracol, la nada nada. Y entonces de repente aterrizas en mi palma, los suaves vellos de tu pecho se inclinan delicadamente bajo mi dedo, tú existes en mí en el tacto, yo existo en ti en el tacto, no hay distancia, no hay apariencia, no hay herirte por miedo, no hay heridas, no hay palabras.

