Te escribiré esta carta sin fecha y sin destino o “al viento” le pondré como una dirección; llegará sin sorpresas, seguramente tarde pues tarde llega siempre, perdida, la ilusión. Empezará diciendo: “Mi eterna enamorada” aunque no sé realmente si enamorada estás; pero el riesgo será seguramente pobre pues al viento arrojada, y al acaso, será. Podrás leerla, niña, en los días de bruma, cuando un atisbo leve te llegue desde el sol y a contraluz, de niebla, de suspiros, de dudas, en el cielo, en tus ojos, provoque un arrebol. Una carta sincera, cambiante, cenicienta, que según la estación será azul o gris; llegará en una gota de lluvia enamorada, o en la escarcha temprana que aflora en tu jardín. Será como al poeta la muerte: rezagada; o como a mis deseos tu voz: fresco rumor. Será posiblemente, la carta, emocionante e indiscutiblemente una carta de amor. Contará, en lo posible, de nuevas alegrías que llenan los lugares ignotos del querer; de las tristezas poco será lo que yo cuente pues estar triste ¿Sabes? es mi razón de ser. Y estaré muy contento por estar siempre triste o triste yo estaré para estar muy feliz y como sé que entiendes todo cuanto te digo sabré que no estoy loco, aunque me sienta así. Te sentirás inquieta, algún día lluvioso, seguramente triste y no sabrás por qué, la carta ya estará sobre tu mesa triste y en tus manos tendrás, de cuadros, el mantel. Otro espera que arregles la mesa silenciosa, y tú más silenciosa que la mesa y que él, pálida guardarás en tu seno la carta que, sin fecha, muy tarde te llegará, lo sé. Sabré que la has leído, aunque nunca lo digas, cuando un aire de fuego llegue frío hasta mí; y aquel escalofrío correrá por mi espalda te amaré con locura, luego, me iré a morir. Y así será el final, pues eso nunca cambia; y lo triste y tardío que es aprender a amar que cuando has entendido que la vida es muy corta y quieres ser feliz, sólo queda olvidar. Y luego, aquella bruma que la carta contaba en tu pecho hallará, tarde, contestación; y así, como será siempre con los amores; tarde llega la muerte, más tarde la ilusión.