El ave que trina, en su ala, la espina la lleva clavada; y entre la arbolada se escucha su canto que no es más que llanto ¡y quiere cantar! Escapa en el viento febril sentimiento, turbado, nervioso, silbar cadencioso que al aire requiere y, aunque es lo que quiere, ¡no puede volar! Voluble, vibrante, pequeño, inconstante que ama el vacío: relente del río, del aire la mota, prefiere ser nota de propia canción! Desprecia sus alas, las orlas, las galas, entrega su vida por una salida al éter, al sueño al verso pequeño de gran corazón. No quiere ser ave. No quiere ser nave. No quiere ser alma ni estar siempre en calma; sólo la sustancia que al mundo se escancia con dulce trinar. Pero ¿quién provoca o gruñe, trastoca, vibra, anhela, estruja o al viento dibuja el trino y el canto si el ave es quebranto de mi palpitar?