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(¿Eres Rubén Darío? ¿Eres el autor de az

V3.5

(¡Hey, tú! ¿Eres Rubén Darío? ¿Eres el autor de azul? ¿Es cierto eso que dicen de que “Modernismo eres tú?) Ese soy yo, efectivamente, pero ¡qué impertinente! ¿Por qué se me acerca? No me gusta la gente corriente, Y ahora me criticará por elitista, por clasista, Es verdad, no lo niego: lo suntuoso, lo diferente es lo que me gusta a mí. . ¡Que le voy a hacer!” No me gusta la época que me tocó vivir. ¿Cómo me defino? Está claro: cosmopolita y escapista. (No como Machado: ese era un blando y andaba por ahí enamorado y preocupado). Prefiero las épocas pasadas, ¡Grecia y Roma sí que molan! Y por no renegar de mi cultura, lo indigenista también me preocupa. Me alejo de mi entorno y me escapo a Japón, China, Oriente, bien lejos de mi continente, mejor si hay alguna mujer, que me lleve a sus mundos de placer. Conste que es más erotismo que amor y a veces me provoca dolor. A veces me atrapa la angustia romántica. y entonces me preocupa la muerte, el futuro, la soledad…sobre todo en mi tercera etapa. (¿Y de mi estilo, qué decirte?) Me influyó el francés Rimbaud y al símbolo del cisne se me asoció; también, con el azul que remite a la plenitud. Ante las esdrújulas mi rendición es mayúscula. Me gusta usar palabras archicultas, sonoras, arcaísmos y, si suenan bien, también extranjerismos. ¿Figuras retóricas?¡Cuantas más, mejor! Encontraréis , sobre todo, epítetos, sinestesias y metáforas mogollón. Y si hay un tipo de palabras con el que me obnubilo este es, sin duda, el adjetivo. Los versos largos, alejandrinos y los endecasílabos son mis favoritos., agrupados en sonetos a los que distintas variantes someto. Mi obra empezó con Otoñales y abrojos. No me convencieron y pronto supe lo que quería hacer. En el año 88 Azul publiqué. Ahí mi forma de escribir quedó clara y lo mismo sucedió poco después, con Prosas profanas. Pasaron el tiempo, los excesos, los años, y casi me convierto en ermitaño. Fue mi última obra Cantos de vida y esperanza y en ella hice una gran mudanza. Dejé de fijarme solo en mí y a mis orígenes y al indigenismo volví. Y si hay un tema que me tortura es ¿cuánto falta para que me vaya para la tumba? Si aún tiene dudas sobre mi rima, pregúntale a la Agostini, de nombre Delmira, aunque si algo te tiene que haber quedado claro es que en el Modernismo, yo soy el... yo soy el amo.