[Intro] El viento desolla el asfalto envenenado, neones parpadean… como costuras abiertas. Nadie responde, solo el crujir de huesos bajo el peso del progreso. [Verso 1] Los cuerpos se arrastran, ciegos al tacto, muros con grietas donde la esperanza se oxida. Espejos rotos escupen rostros prestados, bajo el peso de mil pantallas que no miran. Gobiernan sin rostro, con algoritmos fríos, fantasmas de traje firman nuestra sentencia. [Pre-Coro] Del norte al sur, el silencio es moneda, *chupa el sueño, lo convierte en datos… Y el sistema tose— "Sigan caminando, ciudadanos." [Coro] La ciudad sonríe mientras nos devora, sus dientes de acero mastican futuros. Todo se oxida, todo se vende, la noche licúa lo que el día esconde. (El asfalto respira… la noche afila.) [Verso 2] Europa, fábrica de espejismos, salas de espera con olor a plástico quemado. Los caídos yacen en fila, con código de barras, manos que rascaban el cielo y hallaron fibra óptica. El espectro avanza, pisando huecos digitales, sobre el vacío que el Wi-Fi no llena. [Puente] La ciudad susurra: ‘¿Gritáis? *Mis oídos son servidores, mi piel, pantallas.’ Un paso, dos pasos… ¿Quién paga el derecho a caer? [Verso 3] Las calles digeren ceniza de miedos, ventanas en modo avión, corazones en buffer. El viento borra lo que fuimos: polvo con latido, eco sin red. [Outro] Las siluetas se pixelan en el humo, el último aliento alimenta la nube. La ciudad no parpadea— nos archiva en carpetas sin nombre. (El asfalto graba… la noche edita.)