¿Lo ves, amor, lo ves? Jorobadas las rosas se destiñen famélicas como un dios olvidado. Adentro, ruinas húmedas, serviles del pasado, se pasean baldías, grises y rencorosas. Tuberías roídas palpitan rumorosas aullando como ánimas a pecho desgarrado. ¡Y me enloquece a gritos aquel empapelado infeliz de felices y azules mariposas! ¿Todo convoca a nada? ¿A un tiempo que no existe? ¿Rebelo el corazón o la razón revuela? Todo claro regresa cuando la nada pasa. ¿Lo ves, amor, lo ves? La nada insiste. Incluso en el dulzor de este quehacer que vuela cuando el café con leche pasea nuestra casa, triste.