Por un camino largo, extrañamente solo, como la sombra amarga tendida por el sol, voy andando estos versos, curiosos e imperfectos, que recorren la senda del cierto corazón. Estos versos que son tan míos como tuyos, –porque sin duda alguna son de nosotros dos– hechos como la aurora: por el día y la noche, que juntos en la nube, forman un arrebol. Estos versos heridos, llenos de tanta bruma, –porque innegablemente hiere del sol la luz– que todo lo iluminan hasta que todo ciegan y hasta que todo es bruma con aleve trasluz. Estos versos cansados que renuncian caminos celestes o agoreros, de amor o desamor, estos versos sentidos en el vientre de un limbo que eternizan segundos fundando la ilusión. Estos versos henchidos de antiguas alegrías tan llenos de sonrisas, perfumes del ayer; estos versos vacíos, poblado de tristezas que se llenan de gracia ocultando el desdén. Y así, andando versos imperfectos, divinos como aquel peregrino que busca redención voy yendo con los versos en mi bolsa viajera ¿O mis versos me llevan? Eso lo sabe Dios. Por un solo camino, copiosamente extraño, como suspiro triste de un lejano rumor voy andando en los versos hasta alargar la sombra del incierto camino del cierto corazón.