¡Bari lil! ¡Bari mangue! ¡El archivo devorado! Compraron el polvo de los estantes, la tinta que nadie leía, el margen donde alguien escribió su nombre. No por saber. Porque el saber es materia prima. Para filtrar la verdad. Para que solo ellos decidan lo que llega a la especie. Cortaron el lomo. Arrancaron las hojas. Pasaron el ojo mecánico sobre la piel del papel. La tinta se hizo dato. El dato se hizo código. El código se hizo voz sin cuerpo. El conocimiento no se respeta: se extrae. El conocimiento no se custodia: se licua. ¡Bari lil, Bari mangue! ¡Tu lil es piedra en el pecho! Después de extraer la memoria, trituraron el cuerpo del libro. Volvió al polvo del que vino. No como archivo: sino como residuo. El archivo no es inocente. Quien controla el archivo, controla el relato. Quien controla el relato, controla la especie. ¡Bari lil, Bari mangue! ¡No firmo tu lil! ¡Firmo con mi duj! Llaman "inteligencia" a esta digestión, y "aprendizaje" a esta extracción. Pero el libro no se lee: se deshace. Y la máquina no comprende: repite. ¡Bari lil, Bari mangue! ¡Quemo tu lil en mi guruv! ¡Olé por el analfabeto que lee en la tierra! El libro no es dato. El libro es rastro. Es el tiempo que alguien dedicó a pensar. Es la pausa antes de la frase. Es el borrón que no se ve. Y todo eso fue comprado. Cortado. Devorado. ¡Bari lil, Bari mangue! Mi conocimiento nace del barr y la cham: tierra y fuego. No firmo tu lil. Firmo con mi duj. No habrá queja del libro destruido. No habrá luto por la página cortada. Solo el zumbido del servidor y el lucro del que compró el polvo para venderlo como luz. ¡Yag en la bari mangue! ¡Yag en la bari lil! ¡Arde el archivo! ¡Quema la letra! ¡Fuego en el diploma! Fin de la autoridad de lo impreso. Mi mente es un territorio oral. Chachipén, drom. El Duende, drom. ¡Bari lil! ¡Bari mangue! ¡Yag es la respuesta! ¡Albor! DROM.