(estrofa 1) Primero el silencio que habita en mi pecho, la pausa que enciende el fuego derecho. No puedo sembrarte si no me cultivo, no puedo cuidarte si yo no respiro. (estrofa 2) Después viene el nido, mi gente cerquita, los ojos que saben cuándo estoy marchita. Familia que enreda los hilos del alma, que me hace más fuerte, que me da la calma. (estribillo) Desde la raíz, florece el abrigo, si yo me abandono, te ofrezco castigo. Pero si me riego, si bebo mi luz, entonces mi sombra se vuelve virtud. (estrofa 3) Amigos que llegan como lluvia fina, parejas que danzan, sin red ni rutina. Y al fin el trabajo, el canto, la huella, la ofrenda que brota si soy mi centella. (estribillo) Desde la raíz, florece el sentido, no es orden de mando, es orden vivido. No es jerarquía, ni reglas de honor, es fuente que canta su propio color. (puente) No es ego, no es muro, no es vanidad, es tierra que aprende su humedad. Y al darme primero, me vuelvo canal, no doy por deber, doy por manantial. (cierre) Primero el silencio, después el abrigo, luego las alas, después el camino. Y si algo me olvido, vuelvo a comenzar: desde la raíz… pa’ poder brotar.