
La radio canta despacito junto al humo del café, tu vestido sobre la silla, la ventana y el anochecer. Las cortinas bailan lento con el viento del balcón, y la luna cae de lado sobre nuestro viejo amor. Dicen que todo termina, como el verano en el mar, pero tus ojos todavía me enseñan a regresar. Y qué tal si morimos antes que salga el sol, con las manos entrelazadas y un bolero en el tocador. Que nos encuentre la noche abrazados en el sillón, y qué tal si morimos dentro de esta canción. Tu retrato entre mis libros, las cenizas y el licor, las cartas guardadas dentro de aquel cajón del comedor. La ciudad duerme en silencio, todo parece suspirar, como si el tiempo supiera que te voy a recordar. Si existe otra vida, búscame en el mismo bar, donde las luces doradas te hacían brillar. Yo llevaré aquel abrigo color vino y tempestad, para que al verme de lejos me vuelvas a enamorar. Y qué tal si morimos sin aprender a olvidar, dejando discos girando mientras empieza a nevar. Que el mundo siga girando, nosotros frente al ventanal… como esas películas viejas que nunca quieren acabar.

