
[Intro — guitarra arpegiada, teclado , bajo, bateria.] Desde nuestro encuentro caminamos, aunque andabas ligera, sin dejar vestigios; bajo nuestra cama acechabas nuestro amor, instándole a los presagios más tristes que el tiempo me arrastrase otra vez a tu lado. [Verso I — entra el bajo, pulso contenido] ¿Cuántas veces, cerrando los ojos, pretendía obviarte en las alas de una supuesta percepción de amor que poco a poco fuiste ciñendo? [Interludio — guitarra eléctrica melódica] [Verso II — crece la batería] ¿Hasta dónde debo correr para que tus manos no me alcancen y así alucinar que algún día dejaré de recorrer tu pálido cuerpo? En tus delgados y lánguidos dedos ahora reposan mis bellas reminiscencias, devaluándose pronto en imágenes descoloridas; sobre tu níveo pecho, cual polvo mágico, retoza mi mente extraviando sus reliquias mientras late tu corazón mudo, disolviéndose así el mío, [Coda instrumental — tensión creciente] con tu delgada silueta moviéndose despacio, esperando que por fin caiga rendido; me acuesto sin extrañar más la realidad y al sol sin recordar ya mi nombre ni al amor. [Verso III — baja la intensidad, voz cercana] Finalmente se ha extinguido esa llama de locura que consumía los rincones de esta vida sensata y negra; entre mis escombros has sembrado flores que poco a poco vas regando con lágrimas que me has arrancado. [Puente — ritmo cambiante, teclados y guitarra en diálogo] ¿Quién es ahora el prisionero mientras nos mantenemos en este exilio moderno? ¿Quién es el suicida que le dona su alma a un desahuciado mientras le lloras a mis vidas pasadas? [Clímax — banda completa] Hasta que llegamos al límite en el que solos debíamos llegar, mi fría piel siente tus besos congelarse hasta quedar perennes sobre una carcasa de hielo que se formó restringiendo el alcance de mi corazón perturbado; [Coda — se despeja el arreglo] ahora, poco a poco, lo vas tallando hasta darle aquella forma original, para, finalmente, enredarme en tus largas y blancas piernas, reclamándome como tuyo, hundiéndonos por fin entre el sol y la luna, hasta lo más hondo de mi camaleónico augurio. [Outro — vuelve la guitarra acústica; final suspendido] Juntos por fin nos reímos en el taxi que nos regresa a la misma cámara de sueños químicos; susurrándome un par de nombres sin rostro, acariciándome para limpiar los rastros de amores sin sentido, me arrullas feliz tan solo por tenerme en tus dominios, hermosa enamorada, tu risa se transforma el espacio logrando llenar esta alma de tu esencia casi sagrada.

