
En la sombra del gran árbol, la jíbara se siente en paz, un refugio del calor ardiente, un hogar que siempre abrazará. Bajo la sombra del río, historias empiezan a fluir, con hilos de inspiración, su canasta empieza a tejer. La sombra se alarga al atardecer, la jíbara danza, libre y sin temor, en palmeras se mueve con gracia, su esencia se mezcla con el amor. Compartiendo risas en la tarde, bajo la luna, sueños van a brotar, en la sombra del fuego ardiente, cuentos viejos vuelven a brillar. La sombra de la montaña, le brinda paz y serenidad, sabiduría en cada rincón, la belleza en su sombra está. Así, bajo el cielo estrellado, la jíbara nos invita a soñar, con cada paso, un paso ligero, en la sombra siempre hay un hogar.

