
Drayford ( IV) - Tercera parte - (...) - Lusya acusa a Aurentya de proteger a los hombres de la Viña Negra. - Y Aurentya lo niega, lo se.-apostilló Sorey. - Hasta ahí, nada que no pueda resolverse con oro, amenazas o unas cuantas cabezas. Alzó la mirada. - ¿ Y qué ha cambiado? - Que cuando empieza a morir gente de cierta alcurnia, eso ya no basta. Dejó que el silencio hiciera el resto. - El representante de Aurentya ante la Puerta Raúl de Marzaq murió hace dos días. Sorey alzó ligeramente las cejas. - ¿Asesinado? Cloudy sostuvo su mirada un instante. - Demasiado deprisa para un hombre que parecía gozar de buena salud. Se recostó en el asiento y continuó con voz templada. - Se sospecha que fue envenenado. Oficialmente, murió por causas que todavía se investigan. Sorey frunció apenas el ceño e hizo girar el vaso entre los dedos. - Luego nadie quiere acusar a nadie... todavía. Cloudy asintió. - El Consejo de la Puerta no suele precipitarse. Menos aún cuando hay dos banderas implicadas. Sorey dejó de mover el vaso. - Por lo que se, Raúl llevaba años ocupando su puesto antes de que empezara este asunto.-añadio Sorey. - Su apellido. Su cargo. La querella con Lusya - dijo Cloudy Hizo una pausa. - Demasiado en juego para que una muerte extraña no se investigue. Sorey sabía que los Marzaq eran una de las casas con más peso de Aurentya. Si los cargamentos robados eran dinero, la muerte de un Marzaq a manos de Lusya convertía una disputa comercial en algo mucho más peligroso. - Hay enfermedades que pueden llevarse a un hombre en cuestión de dias. - Las hay. Pero los maestres no parecen haber visto nada de eso. Hace menos de una semana... Cloudy tamborileó despacio con los dedos sobre la mesa. - Raúl pasó por el Refugio. Varias de las chicas estuvieron con él hasta el alba. Sorey arqueó una ceja. - Y supongo que no estuvo allí para despedirse de ellas. Cloudy dejó escapar una sonrisa. - No. Desde luego que no. El Refugio de las Horas era uno de los burdelas más distinguidos de Drayford. También era uno de esos lugares donde más cosas se sabían antes de que llegaran a oídos de la Puerta. Y muchas llegaban antes a la propia Cloudy. - Han detenido a un perfumista. - ¿Por qué a ese perfumista? Cloudy hizo una pausa. - Raúl era cliente suyo - añadió - También lo eran media docena de consejeros y buena parte de las grandes casas. Cloudy desvío la mirada un instante hacia la flor. - Raúl usaba un aceite de barba. Sorey alzó la vista. - ¿Y? - Hay venenos que actúan a través de la piel. La Mala Savia y la Sálmeria, por ejemplo. Mezclados con un aceite, pueden acabar con un hombre en unos días sin que llegue a sospechar que le ocurre. Sorey entrecerro los ojos. - ¿De dónde es el perfumista? - De Drayford. Sorey frunció apenas el ceño. - ¿Tiene vínculos con Lusya? - Ninguno que yo conozca. Cloudy hizo una pausa. - Un tipo en apariencia respetable. Su negocio funciona bien, tiene dinero y una clientela demasiado buena como para necesitar meterse en este tipo de asuntos. Sorey guardó silencio. - Hay algo extraño en que sea él - añadió Cloudy. Durante unos segundos no dijo nada. No hacía falta. Sorey sabía ya hacia dónde miraban todos. Ahora había un muerto, un detenido y una sospecha que pocos se atreverían a ignorar. - Y para aclarar algo más ... - Cloudy hizo una pausa, obsevandola. -Podrías acompañarme a una fiesta. - ¿Una fiesta? Sorey se cruzo de brazos. - Ha sido un viaje largo. Y bregar con nobles borrachos nunca ha estado entre mis mejores talentos. Sorey bajó la mirada hacia sus propias ropas. - Además, no he traído un atuendo adecuado. - Bastaría con escuchar y beber poco - dijo, señalando el vaso de Sorey, que continuaba lleno. - En cuanto al vestido... tengo alguno que podría sentarte bien. Se recostó en el asiento y apoyó las manos en los reposabrazos. - En Drayford, la verdad no siempre se oculta, Sorey. Se vende, se compra. Hizo una pausa. - A veces bebe contigo. Un silencio breve se coló entre ambas, roto apenas por un murmullo al otro lado de la ventana. - Alguien en esa fiesta está muy al tanto de esta pesquisa Sorey la observo durante un instante. Entonces reparó en la flor negra que Cloudy había dejado sobre la mesa. Cloudy siguió su mirada y tomó la flor entre dos dedos.. - Esto también tiene algo que decirnos. Añadió acercándosela. - ¿Has visto antes alguna como esta? Sorey la tomo y examinó los pétalos. Tenían una forma alargada, como de huso. La acercó a la nariz e hizo una mueca. - Este olor a carroña es inconfundible. Dicen que atrae a los cuervos. - ¿La conoces? - En Suassons la llaman Flor del Duelo La hizo girar entre los dedos. - Vi alguna en el torneo de Cuernoviejo, hace años. Dejo la flor sobre la mesa - Es más común en Lusya, sobre todo en la isla de Marsalya. Crece incluso entre viñedos. - dijo Cloudy Tomó la flor con cuidado. - Allí la llaman la Flor de la Venganza. Se deja cuando una deuda de honor ha sido saldada. Sus dedos rozaron con suavidad los pétalos. - Una apareció frente a la casa de Raúl - continuó. - Hace dos días. Dejó pasar un instante. - Y otra frente al Palacio del Consejo. Sorey miró la flor. - Y cualquiera pudo haberlas dejado allí- dijo Sorey. Cloudy alzó los ojos hacia ella. - Cualquiera. Dejó la flor a un lado. - Que Lusya niegue tener algo que ver con la muerte de Marzaq puede ser cierto - añadió Sorey. - Me cuesta mucho menos creer que Aurentya proteja a la Viña Negra y a los piratas del Velmora. Sorey se inclinó, apoyando los brazos sobre la mesa. - Ni siquiera tenemos certeza de que fue envenenado. - No - admitió Cloudy. - Pero ya sabemos que alguien quiere que lo parezca. Sus dedos rozaron la flor negra. - Y cuando dos banderas llevan meses buscando un motivo para desconfiar, la verdad rara vez importa más que la sospecha. Sorey guardó silencio. Cloudy alzó la mirada. - Nos conviene saber qué ocurrió antes de averiguar qué verdad está dispuesto a aceptar el Consejo. Bajó la voz. - Porque si fue Lusya quien dejó vacía la silla de Marzaq, Aurentya podría intentar llenarla con algo más que otro hombre. Dejó pasar un latido. - Quizás con una flota rumbo a Marsalya. Sorey guardó silencio unos instantes. Después apuró el vino de un trago y dejó el vaso vacío sobre la mesa. - Necesito un baño y... si no es molestia, ese vestido. Cloudy insinuó una sonrisa. - Solo con una condición. Sorey arqueó una ceja. - ¿Cuál? - Que no apuñales a nadie antes del segundo baile. Sorey la miró durante un instante. - No prometo nada. Ningún vestido que tengas vale tanto. ____________ Cronicas de Ludya © 2026 Alberto Gordillo Méndez. Todos los Derechos de Texto Reservados. 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