Una urna blanca, una placa dorada, con tu nombre grabada. Una urna blanca, una placa dorada, donde descansan las cenizas de mi amada. Una urna blanca, una placa dorada, a la que le cuento toda mi jornada. Una urna blanca, una placa dorada, a mi lado te tengo, guardada. Una urna blanca, una placa dorada, así sigues conmigo, con tus fotos preferidas rodeada. A veces te pregunto: “¿Recuerdas aquel día cuando fue tomada?” Y el silencio me responde desde tu morada. Porque aunque ya no escucho tu voz al despertar, al mirar tu urna blanca te vuelvo a recordar. Una urna blanca, una placa grabada… y toda una vida juntos que jamás será borrada. Porque cuando un amor verdadero parece que se apaga, queda encendida por siempre la luz de quien tanto amas. Y aunque el tiempo pase y los años sigan su andar, seguiré hablando contigo como antes, en la intimidad. Una urna blanca, una placa dorada, con tu nombre grabada… es todo lo que queda de un amor que no termina. Eduardo Cuña Paz