En Navidad, no traigo grandes palabras, traigo un silencio compartido, una taza caliente de café entre nuestras manos y el tiempo que hemos aprendido a regalarnos. los años… no pasan en vano cuando el mundo, poco a poco, ha ido cerrando puertas a nuestro alrededor. Tú, con ausencias que pesan — un hijo que se fue demasiado pronto, unos nietos que pasan como estaciones lejanas — y yo, con vacíos semejantes, en un país donde la familia a veces no es más que un recuerdo. Conozco tu soledad, no porque me la cuentes, sino porque la reconozco cuando cae la noche y nadie llama. Conozco esa tristeza discreta, la del olvido que no grita, pero que duele. Y sin embargo, aquí estamos. No porque la vida haya sido justa,con nosotros sino porque hemos elegido no caminar solos. Que el próximo año nos traiga salud para seguir despertándonos juntos, la paz para aceptar lo que ha sido, y el amor — simple y verdadero — para seguir siendo un refugio el uno para el otro. mano con mano, como hasta ahora. Eduardo Cuña Paz