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El vado del Dórvanel (XI)

V6-MINI

Capitulo XI El vado del Dórvanel (...) Orgaz alzó la mano, dos dedos apenas, y los hombres a ambos lados se aprestaron al choque. Ballesteros y lanceros. Un par de jinetes desmontados se hicieron a la grupa. Todos ocultos entre robles y maleza, respirando bajo. - Majestad - murmuró sin mirarlo - Aléjese del borde. Saverick no se movió. No debía estar allí. También sabía que alejarlo de la lucha sería más difícil que cualquier enemigo que tuviese que enfrentar. Tenía dieciséis años y la mirada clavada en la masa de jinetes que avanzaba entre el polvo, mientras el acero brillaba y miles de hombres se lanzaban al combate. Cada instante de espera le tensaba un poco más la mandíbula. Para Orgaz, comandar aquel ataque habría sido un honor. Y no de los menores: cincuenta hombres y dos centurias cerrándose sobre el enemigo en un golpe final. Hasta que le dijeron que el rey iría con ellos. Entonces el honor adquirió otro peso. Todo había cambiado cuando Mencía, reina por un día y después regente, terminó por ceder a la insistencia de su hijo. Saverick quería combatir. Ella había aceptado, pero con una condición: que corriese el menor riesgo posible. A Orgaz le habían encargado que se asegurase de ello. Saverick señaló con la fusta. - Mira ese frente. Ese centro da toda la impresión de estar hundiéndose. - No. La negativa fue brusca. Orgaz tardó un instante en añadir: - Majestad. Hará su trabajo. No necesitaba mirar. Lo sabía. Llevaba esperándolo desde el amanecer. Ceder terreno. Fingir debilidad. Dejar que el enemigo avanzara confiado. Entonces los hombres de Mencía romperían desde el centro y parte de las tropas de Tharien quedaría atrapada frente a ellos. Ese era el momento que Orgaz aguardaba. Había dispuesto a sus hombres para caer sobre aquel flanco. Los cuernos darían la señal, y las tropas de Mencía acudirían desde la colina si todo salía según lo planeado.. Un rugido espeso e irregular llegó hasta ellos. Orgaz alzó la cabeza. Quiso creer que era el sonido de una línea que empezaba a quebrarse. - ¡Gamboa! ¡Velarde! ¡Preparados! Los jefes de centuria habían ocultado a los suyos entre robles y maleza, tan bien como permitía la espesura. Serían los primeros. - Cuando suene el cuerno. Y a mi señal. Hizo un gesto hacia la colina. Orgaz continuó, más bajo aún: - Hasta que no haya cierre, ni usted ni el resto nos movemos. Dijo dirigiéndose hacia Saberik El enemigo avanzaba frente a ellos, ganando terreno y empujando la línea hacia el fondo. Ya estaban lo bastante cerca para ver algún rostro bajo los yelmos. Una lanza derribó a uno de los suyos de un golpe en el hombro. Cayó bajo los cascos de un caballo desbocado. Un infante hundió su lanza en la axila del agresor. El hombre cayó de rodillas, y una maza le alcanzó el rostro con un chasquido seco. La celada salió despedida. El caballo de Saverik cabeceó, y él lo contuvo. - Todo un placer quedarse quieto mientras destripan a los míos. Miró a Orgaz con los ojos inquietos. - Supongo que es mi mejor lección de hoy. - Su ejército necesita un rey que siga vivo. Saverick volvió la mirada al frente. - Un rey que se esconde en los peores lances quizás no merezca serlo. Orgaz estuvo a punto de responderle peor, pero se contuvo. Eligió otra vía. - Majestad, está aquí para ganar la guerra. Si muere, todo esto habrá sido inutil. Por muy hermosa que sea la canción le dedique algún bardo. El sonido de los cuernos llegó limpio, pese al fragor del acero y al griterío. Orgaz levantó la mano y la bajó de golpe. Gamboa y Velarde lo vieron. Las dos centurias de ballesteros irrumpieron de entre los árboles. Los primeros virotes volaron contra la caballería y los infantes de Tharien. No habría tiempo para una segunda carga, y cada hombre echaría mano de lo que llevaba al cinto: hachas, mazas, espadas. Solo unos pocos empuñaban lanzas. Saverik apretó los labios. El caballo del rey dio un paso adelante. Sobre la cresta de la colina aparecieron algunos estandartes de Mencía. La caballería descendió primero, seguida de los infantes, y cayó sobre la retaguardia de Tharien. La trampa empezaba a cerrarse. Las dos centurias se desplegaron frente a ellos. Los virotes cruzaron el aire y la formación enemiga se quebró en varios puntos. Algunos caballos relincharon y cayeron de costado. Sus jinetes rodaron entre los pies de los infantes, que apenas podían esquivarlos. Durante unos instantes, Orgaz creyó que el plan daba frutos. Pero los estandartes de Mencía llegaban demasiado dispersos. Apenas un puñado de jinetes descendía colina abajo. No era la fuerza esperada que debía caer sobre la retaguardia de Tharien. Orgaz lo supo antes de que nadie diese la voz. -Maldita sea… Las tropas de Tharien vacilaron al recibir el ataque por detrás, pero reaccionaron rápido. Lo que debía convertirse en desconcierto apenas duró unos instantes. Una o dos compañías giraron sobre sí mismas para contener la nueva embestida. Los hombres de Tharien cerraron filas. La fuerza que debía haber quedado atrapada en la bolsa encontró un hueco y se lanzó contra la centuria izquierda de Orgaz. Orgaz oyó el inútil grito de Gamboa: - ¡Aguantad! Vio, con el pecho helado, cómo sus hombres se batían en retirada hacia el bosque. Las ramas desgarraban capas y rostros. Los que habían aguardado en silencio corrían ahora con el aliento roto, acosados por un enemigo que había olido sangre. Todo el plan, semanas de cálculos, se deshacía ante sus ojos. Orgaz miró al rey. Y vio el brillo. No el del acero. El que conocía demasiado bien. - No - dijo, antes siquiera de que Saverick moviera un músculo. Alzó la voz, cortante. - ¡Abrid paso al rey! Los hombres se apartaron como pudieron, formando un estrecho pasillo entre los árboles. No era una orden para infundir ánimo, pero sí una que todos conocían. - Nos retiramos, Majestad. Orgaz habló bajo, sin apartar los ojos del rey. - Aún podemos... No terminó. Saverick ni siquiera fingió escucharlo. Tenía los ojos clavados en el frente. Los hombres con los colores de Alvor estaban siendo empujados hacia el bosque, retrocediendo entre raíces y ramas como reses llevadas al matadero. El caballo de Saverick reculó bajo su mano. El rey arrojó la fusta y desenvainó. Orgaz lo vio apuntarle con la espada y por un instante creyó que se había vuelto loco. - Ya he visto bastante. ¡Oídme! Saverick miró a los hombres, aunque la punta de su espada siguiera frente a Orgaz. -¿Vais a seguir a vuestro rey o a marcharos para vuestra vergüenza? Clavó espuelas y lanzó su caballo hacia el combate. Orgaz maldijo de nuevo. Podía derribarlo. Podía sujetarlo. Pero tendría que hacerlo frente a sus hombres. Entonces oyó el estrépito de las armas. Uno tras otro aflorarón de entre los árboles. El arrojo de Saverick los habia hecho seguirlo sin el menor titubeo. Orgaz apretó los dientes y espoleó su caballo. Ahora tendría que mantenerlo con vida, aúnque él no pusiese nada de su parte. No hubo orden. Solo un impacto brutal e inesperado al borde del bosque. Un jinete de Tharien intentó girar a tiempo. Saverick desvió su lanza con la espada y Orgaz entró por el costado (...) Cronicas de Ludya © 2026 Alberto Gordillo Méndez. Todos los Derechos de Texto Reservados.