Te quiero a la una, a las dos y a las tres de cada día de todos los tiempos presentes y venideros. Te quiero como siempre te quise, en mi mundo paralelo, -estés donde estés- porque eres Mía: mi motor mi verano mi luna mi extensión mi brazo izquierdo mi ojito derecho, la razón de existir de mi bazo de mi cordura insumisa de mi pecho dolorido, el motivo más importante de que yo siga. Te quiero los mediodías cuando el reloj se detiene en mi tiempo desgastado a la hora del descanso y sin saber si son las cinco o son las cuatro me despiertas con tu abrazo y me tomas presa para dejar en mi oído tus cantos de polluelo recién salido del nido. Pronto lo abandonarás -me digo-, tienes raza y estilo volarás alto con un vuelo diferente serás en apariencia aquella o la otra, lo que tu quieras ser, habrá quien pase por tu lado y no te reconozca. Y yo estaré donde siempre he estado para seguir siendo tu faro tu compañía junto a la orilla del querer de las horas todas: siempre tuya hasta extinguirse tu memoria.