
Detengámonos mujer, no veo el camino, tal vez se haya terminado. Detengámonos sobre estas piedras, pensemos, aceptemos este trago: ya cesaron las lluvias pertinaces, su empeño borró de nuestras huellas la senda que abríamos inertes y al reemprenderla, sin fuerzas se ahogaron en el lodo nuestros pasos. Tanto prendimos la luz de la rutina para cruzar la vida entre falibles sombras… Sin horizonte poco avanzamos: ¡qué indiferentes nos dimos al otoño sayón del calendario! Hablemos ahora, es el momento que siempre postergamos, purifiquemos la culpa, la soberbia, liberemos tanto perdón callado. Hablemos del presente sin camino, que cese la costumbre en nuestro vuelo, tomemos de esta noche los astros que nos unen y juntos, mujer, amanezcamos, que nos queda tiempo, tracemos nuevas sendas cogidos de la mano. Detengámonos, hablemos, aliviemos de lastre nuestras almas: tanto arrastrar errores que debieron barrer nuestros abrazos; tanto ayunar calor, sonrisas, besos; tanto omitir las palabras certeras ante el temor a sus heridas… De amar, mujer, nos olvidamos. Hablemos ahora, es el momento que siempre postergamos, purifiquemos la culpa, la soberbia, liberemos tanto perdón callado. Hablemos del presente sin camino, que cese la costumbre en nuestro vuelo, tomemos de esta noche los astros que nos unen y juntos, mujer, amanezcamos, que nos queda tiempo, tracemos nuevas sendas cogidos de la mano. Mira el dolor de esas grietas que secas abrieron nuestras huellas de egoísmo sobre el barro. Mira esas ovas que brotan de la arcilla sanando cicatrices: somos nosotros ese charco y ese verde, mujer, es el amor que desdeñamos. Levantémonos ahora, hablemos y amémonos mientras andamos, porque este es nuestro camino, este que aún no se ha acabado. De amar, mujer, nos olvidamos. Levantémonos ahora, hablemos que nos queda tiempo, tracemos nuevas sendas cogidos de la mano, mujer, cogidos siempre de la mano...

