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El Burlón  (Varisy) (IX)

Capitulo VII Varisy (...) Ahora si, el viaje tocaba a su fin. Se notaba. El aire, incluso alli dentro, había cambiado. Menos húmedo, sí, pero también más vivo. El olor del mar ya no era abierto y salvaje, sino denso, trabajado, lleno de otros olores: brea, especias, el sudor de cientos de personas. Hasta el balanceo era distinto. Arriba sonaban pasos. Sonó una voz: - ¡Varisy! ¡El Vigilante a estribor! El barco empezó a perder velocidad. Las órdenes se sucedían sobre cubierta. Una polea chirrió. El murmullo recorrió la bodega como un suspiro. Aquí y allá alguien se incorporó, otro se frotó los ojos y el silencio fue cediendo al roce de telas y fardos. La mujer del niño lo estrechó con más fuerza, como si la tierra firme fuera a arrebatárselo. Elya no se movió de inmediato. Sintió un latido seco en el pecho. Luego, el nombre. Varisy El eco de su madre. Cloudy. Se puso en pie cuando Maren le tocó el brazo. - Vamos, niña. El aire fresco llegaba desde arriba. Aun así, Elya tardó un instante en dar el primer paso Subieron con los demás, cada uno abrazado a su hatillo como si fuera un tesoro. Rodrik se había adelantado. Los esperaba junto a la escala. La luz del exterior las recibió como una bofetada. Elya entrecerró los ojos. Durante un instante no vio más que una mancha blanca. Antes de recuperar la vista oyó una campanada. Luego el graznido de gaviotas. Lo primero que distinguió no fue a ciudad sino un gran rostro. Una mujer tocada con una cofia miraba al mar desde lo alto de una torre gris, surcada por vetas verdes que siglos de salitre habían dejado sobre la piedra. - La Viuda! Bendita sea.. - dijo alguien que no acertó a distinguir. - Y bendito sea el Burlón sus tascas y sus fulanas!. Que ya era hora!-grito un marinero encaramado al palo de mesana.. Las carcajadas estallaron sobre cubierta. Elya buscó con la mirada a la viuda de la que hablaban. Solo encontró aquel inmovil rostro de piedra Las voces siguieron mezclándose con el trajín del puerto. Por un instante creyó ver en él el rostro de Maren. Solo que más joven y más alta que cualquier abedul que había visto. No muy lejos, dos estibadores forcejeaban con un barril mientras se lanzaban insultos que Elya no alcanzó a entender. Maren la asió del brazo. - Mira! Elya giró la cabeza. Al otro extremo del puerto, entre un bosque de mástiles, vergas y velas recogidas, otra torre con rostro asomaba sobre los tejados. Era más pequeño que la Viuda y de un color más oscuro. No llevaba cofia. Lucía una melena espesa, endurecida por el salitre, que el escultor había labrado en en gruesos mechones ondulados. Sonreía. No le parecio una sonrisa amable. Si una estatua podía burlarse, aquella parecía estar riendose de todo el puerto. (...) Más sobre este capitulo en tracks 🎶 sobre 🌊Varisy 🌊 Cronicas de Ludya © 2026 Alberto Gordillo Méndez. Todos los Derechos de Texto Reservados. All text rights reserved