Tiempo Hace tiempo que todo me da igual. Estoy en el taller sin ganas de trabajar, mientras escucho en la radio a Mari Trini cantar. Estoy cansado de pedir perdón, de repetir cuánto lo siento, de ver cómo día tras día se desgastan los sentimientos. Ya no distingo lo bueno de lo malo, ni el amor del odio; y a veces ni siquiera sé qué lugar ocupo en todo. No sé si lo que siento es el final o el comienzo, si es cansancio del alma o simplemente silencio. Las horas pasan despacio entre ruido y herramientas, mientras mi pensamiento regresa siempre a tu ausencia. Miro mis manos cansadas, llenas de grasa y heridas, y pienso en todo lo nuestro, en lo que fue nuestra vida. La música sigue sonando como un eco del pasado; cada canción trae recuerdos que yo creía olvidados. A veces quisiera marcharme, dejarlo todo atrás, pero hay cadenas invisibles que me obligan a continuar. Y aunque intento convencerme de que todo terminó, todavía queda en mi pecho algo vivo entre el dolor. Quizá sea la costumbre, quizá miedo a la soledad, o tal vez este amor roto que no se quiere apagar. Hace tiempo que el tiempo pasa despacio; como si la vida entera se hubiese quedado esperando. Y mientras la tarde cae sobre el viejo taller, comprendo que algunas heridas no dejan nunca de doler. El humo del cigarro sube lentamente hacia el techo, igual que mis pensamientos que no encuentran descanso. Fuera la ciudad continúa, la gente corre deprisa, pero aquí dentro del taller todo parece detenido en el tiempo. A veces cierro los ojos y vuelvo a escuchar tu voz, como si aún estuvieras cerca hablándome con amor. Entonces siento rabia, tristeza y melancolía; porque hay recuerdos que nunca abandonan nuestras vidas. La noche llega despacio y las luces comienzan a encenderse, mientras sigo preguntándome en qué momento dejamos de entendernos. Quizá el amor también envejece, como envejecen las manos y la piel, y termina convertido en silencio sin saber muy bien por qué. Pero aun entre las sombras y el cansancio del corazón, sigo buscando en silencio una pequeña razón. Porque aunque el amor se desgaste y el alma quiera descansar, siempre queda alguna esperanza empeñada en continuar. Y tal vez mañana, cuando vuelva a amanecer, el tiempo me enseñe despacio a volverme a querer. — Eduardo Cuña Paz —