
[Introducción] Madre mía, señora de bondad, escuchad aqueste humilde cantar; que vos quiero loar con lealtad por cuanto me habedes dado sin cesar. [Copla I] Cuando niño era e non sabía andar, vuestra mano me mostró la senda; cuando el mundo me quiso quebrantar, fuisteis muro, refugio e encomienda. En las noches de pena e aflicción, vuestro amor fue candela encendida; sois abrigo de mi corazón, la más bella merced de mi vida. [Estribillo] ¡Ay, madre mía, sol resplandeciente, claridad que jamás morirá! Sois tesoro más rico e valiente que en la tierra ninguno hallará. Hoy, mañana e por toda la edad, vuestro nombre conmigo irá; sois estrella de mi voluntad, lumbre fiel que me guiará. [Copla II] Vuestras voces son dulce razón, vuestros dichos, consejo certero; cada palabra que dais al corazón vale más que el más fino dinero. Cuando yerro, mostráis compasión; cuando caigo, me tornáis a alzar; hallo siempre en vuestra bendición la fuerza para tornar a luchar. [Puente] Non hay oro ni joya preciosa, ni castillo de grande señorío, que se iguale a vuestra alma hermosa ni al calor de vuestro amor tan pío. Si algún bien en mi vida floreció, si algún sueño logré alcanzar, fue porque vuestra mano me guio por caminos de paz e verdad. [Estribillo] ¡Ay, madre mía, sol resplandeciente, claridad que jamás morirá! Sois tesoro más rico e valiente que en la tierra ninguno hallará. Hoy, mañana e por toda la edad, vuestro nombre conmigo irá; sois estrella de mi voluntad, lumbre fiel que me guiará. [Copla III] Los inviernos e años pasarán, mudará cuanto el tiempo dispone; mas mis cantos jamás cesarán de loar quien mi alma compone. Porque fuisteis paciencia e virtud, compañera en fortuna e quebranto; vuestro amor me otorgó la salud e convirtió mis lágrimas en canto. [Estribillo Final] ¡Ay, madre mía, sol resplandeciente, claridad que jamás morirá! Sois tesoro más rico e valiente que en la tierra ninguno hallará. Hoy, mañana e por toda la edad, vuestro nombre conmigo irá; sois estrella de mi voluntad, lumbre fiel que me guiará. [Coda] Gracias vos doy, madre querida, por el bien que sembrasteis en mí; mientras dure la llama de mi vida, mi corazón cantará para vos.

