
(Estribillo – pegadizo, con palmas) ¡Ay, 30, 60, 90! Maldita sea, qué bonito lo pintan. Me dan facilidades, y yo caigo como un niño con golosina. No era necesidad, era un querer, y ahora otro lío pa’ la cabeza tener. La culpa es solo mía, ¡ay, qué torpeza! Me meto donde no me llaman con terquera. --- (Estribillo – se repite, subiendo el tono) 30, 60, 90, me lo ponen tan fácil que hasta da risa. El que vende contento, la financiera se frota las manitas. Y yo, el comprador, con la sonrisa rota, pago la fiesta, la barra y las orquestas. ¡Ay, que repartío está el beneficio! Más que el Gordo de Navidá, qué bonito. --- (Puente – parte hablada o con ritmo más marcado, con ironía) Oye, que me lo explican despacio: “Mira, solo son tres plazos”. Tres plazos, tres suspiros, tres meses pagando y yo sin respiro. Me entró el demonio, me dio por comprar, como poseído me puse a firmar. ¡La necesidad era pasajera! Pero yo solito, tú, me metí en la trinchera. --- (Estribillo final – más potente, a capela o solo con palmas para rematar) ¡Ay, que gracias a Anúncia-te! Que el beneficio está más repartío que el premio del Gordo. El que vende, el que financia… ¡y este payaso que paga to’ el lío! 30, 60, 90… Maldita sea, qué bonito lo pintan. Me dan facilidades… y ahora otro lío pa’ la cabeza que me habitan. --- (Remate hablado, con humor) “Pero… ¿y la satisfacción?” “Sí, la satisfacción de que el beneficio está repartío… El que vende, anúnciate, el que lo lleva, la financiera, ¡y yo que pago la verbena entera!” ¡Olé!

