
Camino a una velocidad que desintegra el reloj del mercado, mientras ustedes miden el éxito en minutos de obediencia. ¿Cuánto de tu silencio le pertenece a la deuda que llamas hogar? ¿Qué parte de tu rostro sigue siendo carne y no una máscara de stock? No hay nombres aquí, ni personajes de vitrina: solo el incendio de quien no sabe pedir perdón por estar vivo. Mi lucidez es una hoguera silenciosa que consume el oxígeno del simulacro. No busco el aplauso de los que se rinden por cansancio. ¿Por qué te asusta el calor de quien no acepta ser domesticado? ¿Acaso prefieres la paz del cementerio a la inquietud del nervio expuesto? El sistema es un cadáver lento que intenta dictar mi ritmo, pero yo ya he cruzado la frontera donde el precio deja de existir. Morir solo es la conclusión lógica de la soberanía absoluta. Sin sentimentalismo, sin promesas de una tierra que no existe. ¿Quién eres tú cuando el espejo deja de devolverte el guion del amo? ¿Qué queda de tu pulso cuando el algoritmo deja de alimentarte? Soy la causa, el rastro y el fin de mi propia trayectoria. Si la libertad es responsabilidad, ¿por qué sigues buscando un dueño? Si el tiempo es orgánico, ¿por qué dejas que lo administre una máquina? ¿Es tu soledad un vacío o es el peso de una verdad que no puedes cargar? Mi palabra está blindada de precio porque mi ser no tiene etiqueta. Acelero mientras el mundo se congela en su propia mentira. ¿Vas a saltar al fuego o vas a esperar a que el plástico te asfixie? El presente no tiene dueño. El animal humano no tiene dueño. Solo preguntas. Solo el incendio. Chachipén, drom. Aske el Duende, drom.

