
Por la vereda del río se va perdiendo mi voz, llevo clavada en el alma la espina de tu querer. La luna besa los álamos, suspira el viejo jazmín, y entre los nardos del patio yo sigo esperando aquí. Ay, luceros de la madrugá, decidle que vuelva pronto, que se me rompe la vida igual que se rompe el llanto. Ay, luceros de la madrugá, si la veis junto a la fuente, decidle que todavía la llevo aquí para siempre. Cuando la aurora despierte y cante el ruiseñor, seguiré junto a la reja preguntando por su amor. Ay, luceros de la madrugá, decidle que vuelva pronto, que se me rompe la vida igual que se rompe el llanto.

