Un rumor marchito, no es llanto, no es grito, recorre desnudo el llano sañudo la selva y el mar. Persigue memorias: perdidas historias de amores lejanos, de hechizos y arcanos lenguajes de sal. Descansa en las rocas: las penas son pocas, pues nada él siente, la pura corriente le hace rodar. Respira en el viento: destino violento que el aire desgrana, genial filigrana que gusta volar. Renace en la tierra: cosecha que yerra su tiempo de vida y no hay más salida que en árido arar. Deslumbra en el rayo: pequeño desmayo que sufre quien ama cuando en propia cama ya no hay un vibrar. Escapa en el río: feliz desvarío del hombre olvidado que escucha cansado sus versos de amor. Y nace y se crece, del verbo florece y desde lo absurdo, lo lindo y lo burdo, resurge una voz. No es llanto, no es grito, que escapa contrito hacia lo lejano, la noche y lo arcano, rendido de amor. Y se hila un poema que en sus fuegos quema adioses, olvidos y besos perdidos que causan dolor. Y es indiferente si te ama o te miente pues él no se estanca: suspiros te arranca y escapa veloz. Y así vuela breve, ligero y aleve, sin mucho aspaviento, desnudo y contento el leve rumor.