
La arena mancha el sudario, no queda sombra que dé fe. al epitafio sin pared, del vigía solitario. No queda rastro en el llano, de este inmenso camposanto; y en medio de este quebranto, mi espectro resiste en vano. Roja es la tierra, sangró el Olimpo, y nadie escuchó su oración. Roja es la tierra, sangró el Olimpo, y nadie escuchó su oración. Cae la noche en el desierto, el viento arrastra un rumor. Fobos es gris, como espectro; Deimos, es negro... Negro como el lamento, del espectro por lo muerto. Su fría luz es un reproche a la memoria y la fe… El eco del tiempo se fue no encuentra ya procesión; es mi única oración que se desangra en la noche. Roja es la tierra, sangró el Olimpo, y nadie escuchó su oración. Roja es la tierra, sangró el Olimpo, y nadie escuchó su oración. Hilan las Moiras, con gran pesar, por esta ciega humanidad, que por la nueva vanidad, sepulta un tiempo estelar. Y nunca falta el necio… que al no entender la grandeza, vocifera con simpleza, que el gran Olimpo fue un mito. Afuera brindan, ebrios, contentos, adentro el eco se queja… Roja es la tierra, vieja... ...y el mudo Olimpo es mi lamento. Roja es la tierra, mudo el Olimpo... ...y nadie oye esta oración. ¡Roja es la tierra, vieja! y el mudo Olimpo es mi lamento. Roja es la tierra, mudo el Olimpo... y nadie oye esta oración. Roja es la tierra, vieja... y el mudo Olimpo es mi lamento. Roja es la tierra, mudo el Olimpo... y nadie oye esta oración. Roja es la tierra, mudo el Olimpo... y nadie oye esta oración.

