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Al viajero

Aquí, viajero, henchido de paisaje, extendidos los brazos, las distancias posees entre tus manos. Deja que en este lugar elevado te habite el flujo de cristal que enrama al cierzo en la ribera, deja que abrace tu cuerpo tranquilo. Nada es tuyo. Ni tú mismo eres tuyo. Todo es, somos, heredad de la tierra: nos da, nos reclama. Solo el amor entregado será tu único favor. Pero no pienses ahora en el poniente a la sombra de mármol del ciprés. Permite que se aferren tus sentidos al dolor metálico que clava el plomo, al eco de los gritos que mantuvieron armado el castillo. Y tú, viajero, abatidos tus brazos, fundidos tu latir y el de estas tierras, gozarás solo el amor que exhales al posar tu mirada en el castillo, en la ermita, en los olivos… Y es que el pueblo, a pesar de tanta sangre, a pesar del olvido y de la escarcha, siempre renace de ese manantial entregado. Y es que el pueblo, a pesar de tanta sangre, a pesar del olvido y de la escarcha, siempre renace de ese manantial entregado. Humedece aún tus pies la sangre que gumías y mosquetes arrancaron, filtraron las calizas desde el corazón de los hombres necios. Oye, escucha la ermita: eterna es su voz a pesar del vacío que la mina; el caudal que la alzó aún asciende claro desde valles, caminos... ¿Y aquellos olivares? Tan frágil su latido en los inviernos, es tan acre la escarcha de su fruto, tan dura… Tan precisa. Sobre el encalado blanco del pueblo marea viva espuma el tiempo y cava a pie la calle el breve hollar: el de la vida, siempre. Y tú, viajero, abatidos tus brazos, fundidos tu latir y el de estas tierras, gozarás solo el amor que exhales al posar tu mirada en el castillo, en la ermita, en los olivos… Y es que el pueblo, a pesar de tanta sangre, a pesar del olvido y de la escarcha, siempre renace de ese manantial entregado. Y es que el pueblo, a pesar de tanta sangre, a pesar del olvido y de la escarcha, siempre renace de ese manantial entregado. Sobre el encalado blanco del pueblo marea viva espuma el tiempo y cava a pie la calle el breve hollar: el de la vida, siempre. Y es que el pueblo, a pesar de tanta sangre, a pesar del olvido y de la escarcha, siempre renace, siempre ,