Un día me encontré, en plena lluvia, con viejos balancines fatigados, intentando escribir las sombras como señal de haber perdido el vuelo a la inocencia y quise pronunciar la oración de todos los comienzos, en los pasos de quienes nunca regresaron del tiempo y la memoria; y advertí que a medio grito sobre un árbol, en el sonido azul de los estanques, en el olor a mayo de la tierra o en el beso curioso de una niña algo quedó inconcluso. Me queda el tiempo justo para volver a la metáfora o al otro lado de la lluvia.