El circo vota cada cuatro inviernos, cambia el cartel pero la jaula es la misma. Gritan libertad en el mostrador del mercado, mientras el barro del suelo se desmorona sin remedio. El niΓ±o triste tiene una navaja en la mano: juega a la guerra para no ver la ruina, vende el veneno envuelto en plΓ‘stico brillante y llama democracia a la usura del imperio. En el otro lado de la tierra no hay aplausos. Hay piedra, hierro y el trazo del tiempo largo. El plano no se firma para maΓ±ana por la maΓ±ana: se calcula en el peso de las generaciones que vienen. Rechazar la carroΓ±a de la vitrina no es miedo, es la defensa de la carne contra el espectΓ‘culo. La materia que planifica no pide permiso al fantasma que se ahoga en su propio ruido. Β‘Duende! Sin permiso para el asedio, sin dogmas. La vida no es un negocio de suma cero. La materia no miente, el fantasma no respira. El ritual se quema. La piedra se queda. ChachipΓ©n, drom. El Duende, drom.