Invocan el nombre de la ciencia como si fuera un dios neutral. Ocultan que el laboratorio pertenece a la corporaciรณn. Los presupuestos del Norte financian el lujo y la estรฉtica, mientras los virus del Sur destruyen el cuerpo del trabajador. No hay neutralidad en el microscopio. Solo hay patentes, dividendos y control de fronteras. Tratan las epidemias de la periferia como estadรญsticas lejanas. Chagas, dengue y leishmaniasis no generan ganancias en el mercado. Las vacunas se convierten en propiedad privada de un imperio. Usan la tierra y la sangre de los nuestros como territorio de prueba: cobayan sin nombre, carne de ensayo para el fรกrmaco que nunca verรกn. Y cuando encuentran la cura, la cierran bajo llave y precio. Es el monopolio de la supervivencia. El simulacro del Norte pretende ser la voz de la razรณn. Nos injertaron la narrativa de que dependemos de sus patentes, mientras saquean nuestros recursos, extraen nuestro saber ancestral y condicionan la vida humana al dictado del accionista. Cortar los lazos con la metrรณpoli no es opciรณn es biologรญa. Desmantelar la influencia del capital corporativo en la salud pรบblica. Rechazar la obediencia al mercado que decide quiรฉn vive y quiรฉn muere. La salud no es activo de Washington ni patente de laboratorio. Saber ancestral etiquetado como descubrimiento del Norte. Sin la soberanรญa del pueblo sobre su propio conocimiento, la medicina seguirรก siendo la herramienta del opresor. Cerrar las puertas al imperio es el รบnico acto de autocuidado. Chachipรฉn, drom. El Duende, drom.