Cal y bruma en el lugar, cruje leve el ventanal… Cal sobre muros viejos, una copa sin alzar, pasos lentos en lo hondo de un salón en penumbral… Raso fino en la postura, gesto justo al saludar, cortesana en la forma, con recelo al confiar… Hubo un roce mal dispuesto, una grieta sin sonar, lo burdo rozó la seda y no supo regresar… Luz apenas sostenida en el filo de un mirar, y un detalle inadvertido comenzó a desordenar… Algo queda entre los pliegues, algo gira y no se va, como un hilo que se tensa sin llegar a revelar… Ay… lo fino cuando cae, no regresa igual jamás, y lo burdo cuando toca, deja marca al rozar… Y un bardo guarda la escena donde nadie quiso entrar, porque hay noches que se escriben y no vuelven a contar… Ni la copa ni el reflejo, ni el rumor al terminar, dan medida de lo hondo que no quiso naufragar… Ay… lo fino cuando cae, no regresa igual jamás, y lo burdo cuando irrumpe, no se aprende a disimular… Y el bardo cierra los ojos, como quien sabe guardar, que hay verdades que en la vida no se deben pronunciar… Cal y bruma… nada más, una copa sin alzar…