
(Verso 1) Crucé el mar buscando historias, que los siglos no pudieron borrar. Entre columnas de mármol antiguo, sentí a mi alma despertar. La Ακρόπολη (Acrópolis) me dio la bienvenida, bajo un cielo de azul sin final. Y la luna abrazó el Partenón, como un regalo celestial. (Pre-Coro) Mi hijo sonreía a mi lado, cada paso fue una bendición. No eran solo ruinas de piedra, eran siglos latiendo en mi corazón. (Coro) Γεια μας! (Yamas!) brindé por la vida, por los sueños que Dios me regaló. Ευχαριστώ, Θεέ μου! (Efjaristó, Theé mu!) porque hasta Grecia mi camino llegó. Σ’ αγαπώ, Ελλάδα (S’agapó, Elláda), tierra de dioses y de luz. En tus mares quedó mi alma, y en tus montañas mi gratitud. (Verso 2) En Σούνιο (Sunio) vi a Poseidón, cuidando el inmenso mar azul. El viento hablaba en un idioma antiguo, que solo entiende el corazón. Probé yogur con miel dorada, la moussaka y un dulce sabor. Mientras sonaba Ζορμπάς (Zorbás) a lo lejos, bailaba mi viejo dolor. (Puente) Recordé a Sócrates en silencio, a Homero cantando en el mar. A Apolo llenando de luz el camino, y a Dionisio enseñando a celebrar. Entonces miré hacia el cielo, y en voz baja pude decir: «Δόξα τῷ Θεῷ» (Dóxa to Theó) ¡Gloria a Dios por permitirme vivir! (Coro Final) Γεια μας! (Yamas!), Grecia querida, volveré si Dios así lo quiere. Porque dejé una parte de mi vida, entre tus olivos y tus mujeres. Καλημέρα (Kaliméra), cuando amanezca, Καληνύχτα (Kaliníjta), al caer el sol. Y aunque hoy regrese a Bridgeport, Grecia ya vive en mi corazón. (Final) Si algún día preguntan dónde fui feliz, diré con una sonrisa y emoción: “Entre el Egeo y la Acrópolis, viajando junto a mi hijo… en la tierra llamada Ελλάδα (Elláda).”

