El cuerpo no se vende, no se alquila, no se cambia por dinero El pulso no se apaga, no se dobla, sigue el curso de los ríos Las manos que construyen no se rinden, no son santas ni malditas El eco de la especie no se calla cuando el miedo se apodera ¡Drom sin permiso, chachipén sin precio en el espacio! El que respira hondo ya sabe que el aire no se compra ni se alquila por razón El que siente el peso de la tierra no se arrodilla al fuego que arde Bizitza no se alquila, la noche es testigo del que no negocia su carne en la noche El que nace en la sombra no conoce el sabor de la libertad El que mide el aliento con monedas no entiende el rumor del olivo El que corta la duda no es violento, es necesario, no es un siervo El que mira el vacío sin miedo ya no es presa del tiempo aterciopelado ¡Drom sin permiso, chachipén en el espacio! El que respira hondo ya sabe que el aire no se alquila por razón El que siente la tierra no se arrodilla al fuego Bizitza no se alquila, la noche es testigo del que no negocia su carne en la noche La memoria del cuerpo no se borra con tinta ni con muros El silencio de la carne es más fuerte que cualquier mandato El que desmonta la mentira ya no vuelve al encierro del que se rinde El que cruza el umbral del día ya no pide permiso para seguir ¡Drom sin permiso, chachipén en el espacio! El que respira hondo ya sabe que el aire no se alquila por razón El que siente la tierra no se arrodilla al fuego Bizitza no se alquila, la noche es testigo del que no negocia su carne en la noche Chachipén, drom. El Duende, drom.