
Yo sé de noches blancas decididas a mostrar sin adornos su silueta, de gritos fermentados en la grieta abierta por luciérnagas dormidas. Yo sé de sangre espesa en las heridas de ninfas y Gorgonas, de la escueta paciencia del insomnio, del poeta de las metáforas adormecidas. Yo sé de mí, del mar, de la memoria, del beso que se guarda en el olvido como un grano de sal absolutoria y nada más ―La luna ya se ha ido, ya no es blanca la noche y esta historia se repite: no duermo, voy herido―

