[Verso 1] La verdad sale cara, complicada, te dispara, te desarma la fachada, te señala, no se para. No se adapta a tu mirada ni se vende decorada, si la buscas de verdad, puede doler la llegada. La ficción sale barata, viene simple, viene grata, te rescata por un rato, te distrae, te arrebata. Una historia bien contada hace dulce la derrota, mientras una verdad cruda te incomoda y te confronta. Porque el cuento te entretiene, la verdad te compromete, uno dice lo que quieres, otra exige que despiertes. Una duerme tus preguntas, otra rompe tus paredes, una vende paraísos, otra cobra lo que debes. Queremos luz sin mirar lo que la luz ilumina, queremos mapas sencillos pa’ una tierra que es torcida. La mentira es una línea, la verdad una avenida con desvíos, intersecciones y peajes de por vida. [Coro] Hay un genio en la botella: “Pide lo que quieras, dime.” Pero el truco no es poder pedirlo, el truco es saber qué pedirle. Inteligencia es tener mil respuestas al instante. Sabiduría es saber cuál pregunta va delante. Puedes tener todo el poder, todo el oro, todo el tiempo, pero si deseas mal, tu deseo es tu tormento. El genio dice: “Pide.” Yo le digo: “Déjame pensar.” Porque conseguir lo que quieres no es saber qué desear. [Verso 2] Antes el genio era escaso, hoy hay genios por millones, contestando cada duda, fabricando soluciones. Dame código, dame imágenes, dame planes, dame opciones, dame números, estrategias, simulaciones, conclusiones. La inteligencia abunda, la respuesta está servida, pero dime qué pregunta merece gastar tu vida. Porque un genio multiplica la intención que lo dirija: si tu brújula está rota, solo corres más deprisa. Esa es la ironía: más cerebro, misma duda, más potencia, más velocidad, pero ¿hacia qué ruta? Más acceso, más exceso, más respuestas por segundo, pero nadie te responde qué merece de este mundo. Inteligencia construye una escalera hasta la cima, sabiduría pregunta si esa cima es la que estimas. Inteligencia encuentra cómo hacer lo que imaginas, sabiduría pregunta: “¿Y si mejor no lo terminas?” [Puente] El rey pidió oro: todo lo que toca muere. El joven pidió poder: descubrió que nunca es suficiente. El hombre pidió vivir por siempre: vio morir a toda su gente. Qué curioso: el genio cumplió perfectamente. [Verso 3] Ese es el giro del cuento que de niño no entendía: el problema nunca fue que el genio no podía. El problema era el deseo, la ambición que lo elegía, confundir tener respuesta con saber lo que pedías. Puedes pedir ser famoso y perder el anonimato, puedes pedir ser más rico y hacer pobre cada abrazo. Puedes pedir nunca fallar y nunca intentar algo raro, puedes pedir no sufrir… y no querer a nadie tanto. Cada premio tiene precio, cada sí contiene un no, cada puerta que tú eliges deja otra sin abrirse hoy. La verdad no es un slogan, es contradicción y fricción, y crecer quizá es cambiar una respuesta por mejor interrogación. Porque el sabio no es el tipo que acumula más respuestas, es el tipo que distingue cuáles valen, cuáles pesan. Sabe cuándo usar el genio, cuándo guarda la moneda, porque a veces la mejor petición… es no pedir todavía lo que deseas. [Coro] Hay un genio en la botella: “Pide lo que quieras, dime.” Pero el truco no es poder pedirlo, el truco es saber qué pedirle. Inteligencia es tener mil respuestas al instante. Sabiduría es saber cuál pregunta va delante. Puedes tener todo el poder, todo el oro, todo el tiempo, pero si deseas mal, tu deseo es tu tormento. El genio dice: “Pide.” Yo le digo: “Déjame pensar.” Porque conseguir lo que quieres no es saber qué desear. [Outro] La ficción es barata. La verdad tiene un precio. La inteligencia responde. La sabiduría guarda silencio. Antes buscábamos al genio. Ahora vive entre nosotros. Así que ya no me preocupa si tendremos suficiente inteligencia. Me preocupa algo más: cuando el mundo entero tenga un genio… ¿quién va a enseñarnos qué deseo pedir?