
Vivo encadenado a tu hermosura al igual que un idiota preso sin poder romper las ataduras que son la cárcel de tus besos. Porque si alguna vez he sido reo por el simple delito de adorarte siete vidas estaría preso si con ello pudiera siempre amarte. Solo he sido ave errante que sin rumbo y sin destino como en el desierto va el beduino solitario y triste andante. Y en el horizonte que se aleja tras el carmín del muriente ocaso tenuamente se refleja entre las sombras y el silencio el azur de tus ojazos. Vivo encadenado a tu hermosura al igual que un idiota preso sin poder romper las ataduras que son la cárcel de tus besos. Y tu figura ya cansada se marcha tras las brumas y el reflejo de la luna se pierde en tu mirada. No sé si fue en invierno no sé si fue en verano cuando con pálida mano te juré amor eterno.

