
Viene como un fugitivo, de blanco su raza negra, del hambre hijo y cautivo y pacifista en su guerra. Entre las dunas muriera por soslayar su camino; por no partir de su tierra, por no acatar su destino. Deshecho dejó a su esposa, con lágrimas a sus hijos, y con la voz temblorosa -¡no tengáis miedo!- les dijo. Siguen sus pasos la noche, no hay sendero, ni cobijo, solo unas huellas y el norte en las estrellas escrito. Una voz le enciende el alma y abre sus ojos al cielo: corre, huye, escapa, que ya alcanzaste tu sueño, ya hay futuro en tu vida, ya tienes hoy y mañana, ya eres hombre a escondidas, proscrito en la tierra extraña. En la alambrada de espinas sangra un desierto de penas, y, al abordaje, su vida va a doblegar la frontera. A una carta su partida, en juego está su zozobra, y a una patera indecisa entrega todas sus horas. Al alba, con la marea navega sin ser marino, sin papeles que lo crean, con rumbo al orbe prohibido. Al alba, desfallecido, la sed, la sal, su boca muerde temblores de frío, mas, su cuerpo le abandona. Una voz le enciende el alma y abre sus ojos al cielo: corre, huye, escapa, que ya alcanzaste tu sueño, ya hay futuro en tu vida, ya tienes hoy y mañana, ya eres hombre a escondidas, proscrito en la tierra extraña, proscrito en la tierra extraña.

