
Cada mañana pasaba despacio, Frente a tu tienda, mi dulce espacio. Te veía entre frascos y flores, Moviéndote como bailan los amores. Nunca tuve valor de entrar, Solo soñaba con mirar. Tus manos, tu risa, tu andar, Y ese vestido rojo sin igual. La tienda en la esquina, mi ilusión perdida, Tus ojos brillaban como luz encendida. No dije nada, no supe hablar, Hoy me consume el verbo callar. Tus trenzas largas como la tarde, Tu voz bajita, como quien arde. Cuando compraba pan o café, El mundo paraba, solo tú y yo, fe. Y ahora el cristal está vacío, La puerta cerrada, el aire frío. Dicen que te fuiste de la aldea, Y yo me quedé con mi pena vieja. La tienda en la esquina, ya no está más, Tu sombra me sigue, no quiere paz. Dónde estás, mi flor escondida, Te pienso aún… toda la vida.

