
Ese es el sabor del polvo cuando las ciudades se convierten en fantasmas. Tierra quemada y memorias carbonizadas. Masilla de dentista con gasolina. Una estela de azufre y otra juventud perdida. Como respirar una tormenta eléctrica dentro de una jaula de faraday. El aliento caliente del dragón mecánico. Gasolina y metal vomitados en el aire. Fósforo blanco. Ajo metálico. Azúcar quemada. Ese es el olor del ozono enfermo y los cables derretidos. El olor podrido de la cordita y los muertos cuando atraviesa la carne fresca. Pétalos rojos en un jardín de pesadillas. Explosiones de mortero. Huesos convertidos en vapor. Gelatina ardiente. Heces. El aroma del azufre cuando Satanás orina. Metálico y corrosivo, igual que respirar limones electrificados. Sabor a almendras amargas, como un beso venenoso que impregna la ropa durante días. Ese es el sabor y el olor de la guerra. El aroma metálico de la sangre, universal, democrático, el mismo en todos los bandos.

