En la plaza, baila la Catrina, con su vestido de seda y raso, se ríe de todos en la esquina, los vivos le temen al paso. No teman, dice, entre dientes, mi visita es solo una tradición, vengo por los que fueron valientes, y dejaron en vida su corazón. Catrina camina entre las tumbas, recordando al pueblo su historia, sus versos son como las plumas, que dejan en alto su memoria. Y al final, con gran reverencia, nos despide con gesto elegante, recordándonos la esencia, de vivir siempre con arte.