
Nací con tambores dentro del pecho, con cuentos viejos cosidos al miedo, crucé mil noches sin preguntar, cuando la fe fue lo único que pude cargar. Traigo en la sangre más de un lugar, pan compartido, sudor y sal, si el viento quiso verme caer, aprendí cantando a volverme a poner de pie. No me defino por lo que perdí, me nombra el paso que di para seguir, soy la respuesta que no esperaban oír, soy la herencia que se negó a morir. Donde pisa mi voz, yo pertenezco, no hay camino que apague lo que siento, si me cierran la puerta, canto más fuerte, porque mi alma no aprende a rendirse. Donde pisa mi voz, dejo memoria, mi bandera es mi nombre y mi historia, yo no pido permiso al destino, camino cantando lo que soy y lo que vivo. Bailé con la pena pa’ no llorar, hice de la escasez mi manera de brillar, cuando dudaron de mi valor, me abracé a mi gente y subí el son. No soy de nadie, no soy de un papel, soy de la calle que me vio crecer, si la nostalgia me quiere probar, le pongo ritmo y la invito a bailar. Vengo de manos que no se rindieron, de voces rotas que aún me sostuvieron, lo que me mueve no cabe en un sello, me mueve el fuego que cuido por dentro. Donde pisa mi voz, yo pertenezco Que se escuche en la esquina y el mar, en la casa, en la ruta, al pasar, nadie te diga quién puedes ser, tu raíz es sagrada, protégela bien. Ay, donde canto, florece el camino, ay, mi verdad no conoce destino, ay, llevo a mis muertos bailando conmigo, y a mis vivos les canto pa’ seguir unidos. Donde pisa mi voz, aquí me quedo, con la frente en alto y el corazón abierto, si el mundo tiembla cuando yo canto, es porque la verdad camina en mi canto.

