
La rubia del cabello ensortijado, me dará pasaporte con premura, que pretende evitar que su cintura acabe entre mis manos. Se ha negado. Por sorpresa otra chica me ha sacado a bailar y su rostro con frescura se ha indignado de forma que murmura y con otro a la pista se ha fugado. Con su labio revuelto tan aleve, esa joven de altura desatada ni siquiera a mirarme ya se atreve. Y se marcha, preciosa y amargada, que el demonio al infierno se la lleve, pues ya no volveré a decirle nada.
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